Las Grandes Mujeres

En las grandes mujeres reposó el universo.
Las consumió el amor, como el fuego al estaño,
A unas; reinas, otras, sangraron su rebaño.
Beatriz y Lady Macbeth tienen genio diverso.

De algunas, en el mármol, queda el seno perverso.
Brillan las grandes madres de los grandes de antaño
Y es la carne perfecta, dadivosa del daño.
Y son las exaltadas que entretejen el verso.

De los libros las tomo como de un escenario
Fastuoso – ¿ Las envidias, corazón mercenario?
Son gloriosas y grandes, y eres nada, te arguyo.

-Ay, rastreando en sus almas, como en selva las lobas,
A mirarlas de cerca me bajé a sus alcobas
Y oí um bostezo enorme que se parece al tuyo.”

Alfonsina Storni (1892/Suíça-1938/Argentina). Escritora, sua prosa é considerada feminista e inovadora para a época. Foi amante de Horácio Quiroga e suicidou-se em 1938 (como Virginia Woolf, afogada).

El canto

Una mujer está cantando en el valle. La sombra que llega la borra; pero su canción la yergue sobre el campo.

Su corazón está hendido, como su vaso que se trizó esta tarde en las guijas del Arroyo. Mas ella canta; por la escondida llaga se aguza pasando la hebra del canto, se hace deslgada y firme. En una modulación la voz se moja de sangre.

En el campo ya callan, por la muerte cotidiana, las demás vocês, y se apago hace un instante el canto del pájaro más rezagado. Y su corazón sin muerte, su corazón vivo de dolor, recoge las voces que callan, en su voz, aguda ahora, pero siempre Dulce.

¿Canta para un esposo que la mira caladamente en el atardecer, o para un niño al que su encanto endulza? ¿O canta para su próprio corazón, más desvalido que un niño solo al anochecer?

La noche que viene se materniza por esa canción que sale a su encuentro; las estrelas se van abriendo con humana dulzura; el cielo estrelado se humaniza y entende el dolor de la Tierra.

El campo puro como un agua con luz, limpia el llano, lava la atmosfera del día innoble en el que los hombres se odiaron. ¡De la garganta de la mujer, que sigue cantando, se exhala y sube el día, ennoblecido, hacia las estrelas!”

Gabriela Mistral (1889/Chile-1957/Nova Iorque), pseudônimo de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, ganhou o Nobel de Literatura em 1945.

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